Cultura política

        Cada día observamos cómo los grandes partidos nos recortan los derechos, cómo nos mienten, cómo se aprovechan de la desgracia y la necesidad de familias indefensas que tienen que hacer cualquier cosa por sacar adelante a los que aman, ¿y qué hacemos nosotros? Poco o nada. Y no es porque no exista esa indignación tan famosa en los últimos años, o porque la ciudadanía esté conforme con lo que está viviendo. Es, porque como dice Gregorio Marañón en el prefacio del Lazarillo: El triunfo de lo que no es justo produce siempre una impresión depresiva en la sociedad.

        Llegados al punto en el que nos han hecho creer que no podemos hacer nada, solo nos queda  el conformismo y el miedo. La tristeza y la impotencia es lo que reina en este estado. Porque tenemos miedo de que las cosas vayan a peor y de que si protestamos nos podamos meter en líos. Aprueban leyes en las que se prohíbe el derecho a quejarse libremente, ya no tenemos ni la libertad de gritar con dolor que nos están robando todo, ¿a dónde hemos llegado?

        Creo que hemos llegado al fin, al que debería de constituir el punto de inflexión. El momento en el que debería de olvidarse a quién voto, o vota tradicionalmente mi familia y empezar a pensar en las opciones necesarias para salir de esta espiral de pérdida de derechos y de capacidad económica. Debemos salir de esta tristeza y depresión generalizadas.

        Cada día escucho a gente que admite haber votado al PP decir: “ya no voto más”, frase que en la anterior legislatura pronunciaban avergonzados ante la situación los votantes del PSOE. Han olvidado que hay más partidos políticos, que hay opciones, que quizás lo hacen igual de mal, pero quizás tienen otras políticas que ofrecernos para mejorar el sistema. No saben que no votar los perjudica a ellos también, porque seguirán sufriendo las políticas en sus carnes, verán a hijos, vecinos y amigos marcharse hartos de buscar una oportunidad que nunca llega. Observarán cómo hay personas que no pueden pagarse ciertos tratamientos médicos o tener una educación digna. A ellos hay que invitarlos a estudiar política. Sí, porque es nuestra asignatura pendiente. Hay que leer, buscar, identificar lo que nos gusta y lo que no y después escoger. No es bastante con pensar yo siempre he votado a X o Y y me adscribo a él cuando pienso que es una opción y no voto cuando veo que me han engañado. Solo son unas siglas. La dignidad de la persona, la lucha, sus ideas no pueden ir detrás de unas cuantas letras. Deben tener una base fundamentada, unas metas. Todos y cada uno de nosotros tenemos ideas para salir de esta crisis (las mías las plasmé en este post) y por lo que se escucha en cada rincón del mundo, más coherentes que las que han planteado en los últimos tiempos. Busquen el partido que propone alguna de ellas, en alguno de esos programas electorales debe de haber alguna reflejada y no olviden que hubo algunos que ya lo prometieron y no las cumplieron.

        La historia de España, citando de nuevo a Gregorio Marañón, se ha de continuar sobre valores de ética rigurosa. Hay para ello que hacer muchas cosas. Una es escarbar valientemente en nuestra conciencia y arrancarle la hierba de la picaresca, el espíritu del Lazarillo vivo todavía. Porque no podemos decir: “yo también lo haría” porque si lo hicieras serían un ladrón y un mentiroso como ellos y porque es ese pensamiento el que hace que nada cambie.

Es muy necesaria la cultura política

Cultura política

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6 pensamientos en “Cultura política

  1. Me gusta especialmente la última parte, las últimas frases. El Yo también lo haría es una excusa tan idiota como la de Yo soy así! No está claro que ningún partido pudiera hacer el ‘milagro’ que hace falta, pero nunca es bueno que uno sólo acumule tanto poder que a pesar de la oposición, consiga hacer siempre lo que quiere!

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  2. Sí que es cierto que una de las asignaturas pendientes de nuestra sociedad es la política, porque simplemente observando nuestros mandatarios actuales, parece como si los valores de los cargos que ostentan no existieran y pudiesen comportarse como un cualquiera más sin tener en cuenta toda la gente que ha confiado en ellos pensando que su solución (su programa electoral) era la más idónea.

    Como en muchos otros aspectos de la vida, pienso que el problema está en la base. Sin ánimo de adoctrinar ni mucho menos condicionar los ideales de nadie, pienso que se debería educar en los valores que la responsabilidad de ser elegido por un colectivo conlleva. Como por ejemplo con algo tan simple como la elección del delegado de clase, explicando que éste debe ser elegido no por “amiguismos” ni inercias de años anteriores, sinó por su valía en lo que representar a un colectivo conlleva… aunque no está ahora el horno de la educación para muchos bollos.

    Estoy completamente deacuerdo contigo en que la mala costumbre del “yo también lo haría” es la que nos ha conducido a esta situación, ya que lo que empieza como un “juego” de picaresca muy arraigado a nuestra cultura, se acaba convirtiendo en malversación de bienes públicos a gran escala.

    Y así nos va… que tal y como muestra la viñeta que adjuntas, ni el pueblo ni los mandatarios entienden cuál es la situación real del poder, lo cual implica una gran distorsión del mismo.

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