Caridad

      Ayer un compañero de clase me preguntó que cuál era mi opinión sobre las partidas presupuestarias que algunos ayuntamientos estaban destinando a bancos de alimentos y yo le contesté: soy más amiga de la igualdad que de la caridad. Creo que mi respuesta resume perfectamente el post que os ofrezco a continuación. De todos modos, puntualizaré que a mi modo de ver, el dinero público debe de invertirse en políticas de creación de empleo, apoyo a los servicios sociales, asesoramiento legal, etc., que pueden dar como resultado medidas a largo plazo y no parches de un día. La caridad es mejor dejársela a otros.

      Cada día escucho en la radio el mismo mensaje: “compra este producto, donará parte del beneficio al banco de alimentos, ¡es Navidad!” Y automáticamente pienso: ¡se ve que hay personas que solo se merecen comer en navidad! Me parece una aberración que haya grandes marcas que utilicen en su publicidad la desgracia de miles de familias y se enriquezcan a su costa. En este punto, sé que hay muchos lectores pensando: ¿entonces no les ayudamos? Y por supuesto mi respuesta es: SÍ. Debemos ayudarlos evitando que se especule con su sufrimiento, cambiando programas como el famoso “Entre todos” (denunciado por el Colegio de Trabajadores Sociales), por programas en los que se hable de alternativas, de soluciones, en los que se cree la cultura política que tanta falta nos está haciendo.

      Por otro lado, debemos conocer quién gestiona los bancos de alimentos y otras organizaciones como estas y por qué se han creado. Hace unos días leí una noticia en la que apuntan que la asociación catalana 500×20 denuncia que empresas como Nestlé, Riera Marsa, Áreas, Gallina Blanca, Serunión, Ebro Agrícolas, Directores generales autonómicos y de la Distribución (AECOC, AED), de la banca, etc., están detrás de la Fundación Privada Banco de Alimentos de Barcelona. Y que “la misma élite que hace donaciones se extiende justificantes de deducción del Impuesto de Sociedades. Es un arma de destrucción competitiva de las grandes distribuidoras contra el pequeño comercio.” Ahora las empresas donan sus excedentes al Banco de Alimentos con lo que consiguen:

• Que no se produzca una caída de precios debido a que los alimentos no entran directamente en el mercado.
• Mejora su imagen corporativa.
• No tienen costes en la destrucción de esos excedentes.
• No tienen costes en la distribución pues lo hace un ejército de voluntarios.
• Las donaciones, de cualquier tipo, desgravan un 35% en el Impuesto de Sociedades (con la Ley de Mecenazgo del PP será el 100%)
• A la gente pobre se le acostumbra a la beneficencia, como si fuera ley divina, que haya ricos y pobres.
• Los Bancos de Alimentos minan aún más las ventas del pequeño comercio en los barrios con más miseria.
• Por un lado regalan excedentes y por otro destruyen a los tenderos con las marcas blancas que son fruto de la sobreexplotación en origen y la que aplican a sus propios trabajadores.

          Para terminar, quiero dejaos un fragmento de mi libro preferido Cinco horas con Mario, que creo que refleja perfectamente por qué hay instituciones y personas a las que le gusta que existan estas desigualdades y por qué la caridad no es la salida a lo que está ocurriendo:

[…] Siempre hubo pobres y ricos, Mario, y obligación de los que, a Dios gracias, tenemos suficientes, es socorrer a los que lo tienen pero tú enseguida a enmendar la plana, que encuentras defectos hasta en el Evangelio […] “Aceptar eso es aceptar que la distribución de la riqueza es justa”, habrase visto, que cada vez me dabas un mitin, cariño, con si la caridad solamente debe llenar las grietas de la justicia pero no los abismos de la injusticia […] que a los pobres los estáis revolviendo de más y el día que os hagan caso y todos estudien y sean ingenieros de caminos, tú dirás, dónde ejercitamos la caridad, querido, que ésa es otra y sin caridad, ¡adiós el evangelio!, ¿no lo comprendes? […].

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4 pensamientos en “Caridad

  1. Estoy de acuerdo contigo, si hubiera justicia no tendría que haber caridad.
    Lo triste es que parece que los pobres solo tienen derecho a comer en Navidad. Con las cantidades ingentes de comida que se están recogiendo en esta época, tengo la sensación que mucha terminará en la basura y luego cuando venga la cuesta de enero, los más necesitados se verán obligados a subirla solos. Porque los que tienen trabajo estarán más entretenidos con sus propósitos de año nuevo, dejar de fumar, adelgazar los quilos de más cogidos estas navidades y apuntarse al gimnasio al que nunca irán.
    Una puntualización final sobre el fragmento final de cinco horas con Mario, estos hijosdeputa han conseguido que los pobres seamos Ingenieros de Caminos, pero sigamos dependiendo de la caridad. Somos tantos que el que consigue encontrar un trabajo, cobra menos que un peón hace 5 o 6 años.

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    • Nosotros somos unos privilegiados, veremos si nuestros hijos pueden llegar a disfrutar de la cultura como lo hemos hecho los últimos años: menos becas, menos capacidad económica, polarización económica de la sociedad… Creo que a partir de ahora solo estudiarán unos pocos afortunados.

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  2. Pingback: Crónica de una muerte utilizada | Vivir entre costuras

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