Felices 95

        Vivir entre costuras está muy solidarizado con las personas mayores. Los abuelos encierran saberes, historias y experiencias que no encontraremos en ningún libro de historia. Cada arruga de sus manos y de su frente nos puede transportar a una época que no vivimos y que no volverá, pero de la que posiblemente tengamos mucho que aprender. Porque es conociendo el pasado como se arregla el futuro. Por ello, durante mis estudios de periodismo decidí participar en un concurso literario intergeneracional. Hoy os traigo una de las tres historias que tuve el placer de relatar durante estas experiencias, de las mejores de mi vida. Fue escogida entre más de de 400 trabajos para su publicación y como veréis a continuación, es que la señora a la que tuve el placer de entrevistar forma parte de la historia de este país. Espero que os guste.
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Felices 95

Por CELIA CARRETERO CABAÑERO

22 años, Periodismo, Universidad Miguel Hernández

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María Martínez Torá, 95 años

        Sus pequeños ojos dicen lo que sus palabras esconden. María ha vivido mucho, se puede leer en su mirada, aunque su modestia no le permite alardear de haber superado tantos obstáculos. Con Pilar Primo de Rivera aprestó la ropa que habría de llevar José Antonio, el fundador de la Falange, el día de su fusilamiento, en aquella madrugada del 20 de noviembre 1936.

        Cuando pude verla por primera vez me quedé perpleja. Se encontraba en la residencia de San José, más conocida como el Asilo de Elche, colocando en pequeñas tazas la medicación a los internos. Con 95 años no es la ayudada, sino la que ayuda. Cada tarde, al terminar de recoger su casa, se dirige hacia allí para realizar el trabajo encomendado. Ella se encarga de tener la cocina limpia y de preparar la merienda y las medicinas para todos. Es conocida y querida entre los internos. Son ya 40 años de generosidad. Día tras día, desde que vive en Elche, ha acudido allí a regalar su tiempo, a colaborar con las monjas, a escuchar a las personas que allí se encuentran o a realizar cualquier labor que haya sido necesaria. Sin pedir nada a cambio pero, según asegura ella, habiendo recibido innumerables gestos de un valor incalculable. Cuando terminó su tarea nos sentamos a charlar. Su memoria falla. Los años no pasan en balde, pero sus recuerdos todavía dan para una tarde de conversación más que agradable.

         ImagenUna infancia humilde, rodeada de grandeza. Parece contradictorio, pero es que María es hija de quienes sirvieron a duques y condes. Una juventud divertida y emocionante, llena de amor y secretos. Sus padres no consentían la relación con el que después fue su marido, así que tuvo que luchar mucho para casarse con el hombre de su vida, el padre de sus hijos, el que llevó el alimento a su hogar y del que habla con la misma ternura con la que lo hace una adolescente. Pero como en toda historia siempre hay un tiempo imperfecto, la madurez fue una etapa difícil para ella. Los años que fueron tan bellos, comenzaron a no serlo pronto. María ha sufrido la perdida de varios hijos. En aquellos días era algo frecuente, lo curioso del caso es que ella no se rindió. No se vistió de negro ni se sumió en la tristeza. No renunció a la felicidad, a continuar con su vida, a luchar por tener una vida plena. Decidió seguir adelante. Cuando le pregunté por esto ella contestó: “Solo puedo decirte que soy muy feliz y siempre lo he sido”. Sus ojos le delatan. El dolor está dentro. Pero su sonrisa, sus palabras y su corazón trabajan para lograr la felicidad. Es difícil encontrar personas de 95 años con las ideas tan claras y los pasos tan firmes. Pero es casi imposible que a la vez se sientan bien, realizados, felices y con ganas de vivir. Envidiable es la palabra que mejor la define. Sus anécdotas no dan para escribir un libro, sino cientos de ellos. Una guerra, una dictadura, una transición y la democracia. Pasó hambre durante la ofensiva, escuchó los bombardeos, sufrió el terror en sus carnes, pero la sabiduría de la naturaleza, o la crueldad de los años le han hecho olvidar. No recuerda el ruido de las bombas, las colas para conseguir un trozo de pan, o la pérdida de seres queridos (fragmentos de su vida que he tenido la ocasión de conocer gracias a sus hijas), pero recuerda a su marido haciendo zapatos, cargándolos y despidiéndose de ella en la puerta del hogar que construyeron juntos.

        Confeccionó el traje con el que ejecutaron a José Antonio Primo de Rivera, junto a la hermana del condenado, Pilar. El destino quiso que el líder falangista compartiese celda con el hermano de María, Antonio Martínez y por ello estas dos familias estuvieron en contacto durante muchos años. Tras la detención de José Antonio le despojaron de su ropa y cuando la familia supo que iba a ser fusilado pidieron que les permitiesen hacerle un traje para el día de ejecución; para ello recurrieron a María, que era sastra. Juntas, las dos hermanas de los dos presos, fueron a tomarle las pedidas a Primo de Rivera y cosieron el último traje que llevó el creador de Falange Española.

        Ha vivido en varios pueblos de la provincia de Alicante, debido a que su marido vendía alpargatas y según iba el negocio les convenía estar en un lugar o en otro. María cuenta multitud de historias divertidas sobre su suegra, a la que recuerda con cariño después de tantos años, pero que no le puso las cosas muy fáciles en su momento. Para poder dar más comida a sus hijos, le prestaba los zapatos a su suegro para que asistiera a misa, y así coger alimentos a escondidas, cuenta satisfecha. Quedó viuda antes de los 50 años, así que sola tuvo que sacar adelante a cuatro hijos, y lo logro con éxito, ya que puedo presumir de mantener a la familia unida.

        María tiene 95 años llenos de felicidad. En las conversaciones que hemos mantenido, la palabra “feliz” ha sido la que más ha pronunciado: “Fui muy feliz en mi matrimonio” “Mi infancia fue fantástica, me consideraba una niña muy feliz” “Mis hijos han sido lo mejor de mi vida, me hacen feliz cada día”. Todo es motivo de alegría para ella, y lo malo atrás queda. No está cansada. No quiere descansar. Lleva más de 40 años ayudando en la residencia de ancianos y seguirá así mientras que pueda caminar. Porque para ella la vejez no significa el final, sino otro principio, el de uno mismo. El de hacer las cosas no por obligación, sino por devoción. El de pensar en primera persona, aunque en su caso incluso pensar en ella misma significa ayudar a otros.

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 Lo que de verdad importa…

        Para María lo importante en la vida es lo que no tiene importancia. Ella sin apenas darse cuenta ha logrado la paz con uno mismo que no todos alcanzan. Ha logrado la felicidad, por ello dice que para ella lo más importante es vivir. Ver crecer a los hijos. Comprar una planta y aprender a cuidarla. Leer. Bailar. Soñar. No preocuparse demasiado por nada. Despertar cada día. No pensar en lo malo, porque llega solo. Preocuparse por ser feliz, no tener miedo a dejar de serlo. Los años le han enseñado que hasta lo peor tiene que formar parte de la vida, por lo que vivir tanto lo bueno como lo malo es lo importante.

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12 pensamientos en “Felices 95

  1. Celia, tengo que decirte que esta es la entrada, que hasta el momento, más me ha gustado! Sigue así! Por cierto, si quieres te recomiendo en mi muro de facebook a ver si se animan a seguirte!

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    • Muchas gracias Alba por tu opinión, la verdad que es un relato enternecedor y real. A mi también me gusta mucho y disfruté muchísimo con la entrevista. Por supuesto que me gustaría que me lo pusieses, todos los lectores son bienvenidos y las opiniones o propuestas de temas también!!!

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  2. ¡Qué bonita entrada, Celia! Muy emocionante y más aún para los que como yo sentimos auténtica devoción por nuestros abuelos. Enhorabuena por esta entrada 🙂

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