¡Viva los quintos!

       1607106_604078362978835_2135769232_n Hay mucha gente que desconoce algo que para los habitantes de Madrigueras (Albacete) es de lo más normal. Los llamados quintos, es una festividad que se inició como la despedida de los hombres que se tenían que ir al servicio militar, en estos días recogían dinero para poder subsistir durante la mili.  A pesar de que la obligatoriedad de la conocida mili desapareció, esto se instauró en muchas localidades españolas como una festividad, que sirve para reunir anualmente a los nacidos en el mismo año. En muchas culturas indígenas, esta fiesta sería considerada un rito de paso, en el que se celebra el cambio a la mayoría de edad, la madurez. En esos lugares hacen cosas como tatuarse, sacrificar animales, andar descalzos sobre ascuas, etc.

        Son muchos los rincones de España que se enorgullecen de celebrar esta fiesta, disfrutando durante unos días del ruido de petardos, bandas de música, hogueras u otro sin fin de tradiciones.

        En Madrigueras hay dos costumbres destacables. Por un lado, los quintos portan pólvora  y van tirando petardos, de manera que el pueblo puede saber por dónde andan en ese momento, es una manera de llamar la atención de sus vecinos. La otra, es la de las tartas de quintos. Los amigos y familiares de los chicos y chicas los obsequian con dinero y ellos a su vez les devuelven el favor regalándoles una tarta, que repartirán junto a sus padres o hermanos el último día, en este caso el domingo día 9. Las comidas multitudinarias con los quintos y sus familiares, los almuerzos en diferentes casas del pueblo y los gritos y cánticos típicos del que ha tomado más vino que de costumbre, también son partes de esta alegre tradición.

       Para mí los quintos son una fecha para recordar. En el año en el que salimos de quintos, cuando vamos a cumplir los 18, unos se marchan a estudiar, otros siguen trabajando en el pueblo, algunos van y vienen, pero los caminos se separan. El fin de semana de los quintos, sin embargo, todos volvemos al mismo lugar, al que nos vio crecer, para reírnos de las anécdotas de aquel año, para ponernos al día y para recordar las “pequeñas trastadas” que hicimos durante esos días. Este año, mi quinta está de aniversario, han pasado diez años de aquella experiencia y seguro que volvemos a reír con aquellas historias que no nos cansamos de contar. Esperemos que muchos jóvenes puedan seguir disfrutando de esta tradición, sin que nadie les moleste.

Hoy va por nosotros: ¡Viva los quintos 2004! 

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