Un año después… de la erasmus


IMG_6916       Hace un año cogía una libreta, un bolígrafo y un propósito: hacer un diario durante mi beca Erasmus. Fue imposible. En un diario, en teoría, anotas todo lo que haces cada día, pero cuando el ritmo de tu vida se multiplica por 10, o por 100, es imposible pararte a escribir, a veces incluso a pensar. Recuerdo con nitidez el primer día, cuando llegué junto con mi compañero de Antropología y me acompañó a recoger las llaves de mi habitación de la residencia de estudiantes, recuerdo cómo deshice mi maleta, me apresuré a encender mi ordenador para hablar con mi familia por skype… El segundo día ya está borroso (quizás las primeras cervezas alemanas tienen algo que ver). Me encontraba intentando entender otro idioma, conociendo gente de diferentes partes del mundo, en un país que no era el mío, comiendo cosas que no sabía ni pronunciar e intentando matricularme en la universidad de todos los cursos que estaba interesada en realizar, sin entender nada de lo que me decían. A partir de ahí, solo hay un reloj dando vueltas a un ritmo vertiginoso y cientos de anécdotas.

        Pedí la beca pensando que no me la darían, “seguro que hay muchísimos candidatos” “tendrán mejor expediente” “total no me voy a ir aunque me la den” “me la han dado pero sigo sin estar convencida”, todas estas y otras miles de ideas pasaron por mi cabeza, sin embargo, me fui. Una vez allí, las primeras horas pensé: “si no estoy a gusto me vuelvo”, la suerte fue que Alemania me recibió con los brazos abiertos. Bueno, Alemania, mis amigos, mis compañeras de residencia, las profesoras (un especial recuerdo para una profesora española que nada más verme me dijo: “Soy Sonsoles, dame dos besos que nosotros somos de besos” y que recibí con una alegría inmensa, nunca pensé que echaría tanto de menos dar dos besos en una presentación). Múnich se convirtió en parte de mí en la primera semana, sus calles, sus gentes, su clima, sus parques, su música…. Me envolvió y durante unos meses fue mi hogar.

        Fue imposible hacer ese diario, porque cada vez que pensaba que iba a pasar un fin de semana en casa: había una nueva ciudad que conocer a solo, 10 o 4, o 3 horas de allí. Cada noche que pensé que iba a descansar había un rincón nuevo de la ciudad por descubrir, había un festival de música, o un piano en la plaza, había un frigorífico lleno de cervezas, o una fiesta Erasmus, había una buena conversación con “google translate” incluido, con mi gran amiga Maxie. Fue imposible porque Sebastien pensaba que tenía que probar la comida Tailandesa en el restaurante que había cerca de la universidad, pintar su bungalow, escalar una montaña, o pasearnos con nuestros trajes típicos… Quería descansar, pero entonces Flavio, Héctor, Alexia, Mari, Elisabeth, Juan, Francesc, Kristina, Pati, Pablo, Martina, Francesca, Patricia,  Megan, Ania, Josep, Andrew, Anna, Polyxeni, Michael, Ryan, Tiago, Sergio, Pablo, Víctor, Jenny, Simon, Julia, Salim, Roland… u otros que seguro que estoy olvidando, pero que están en mi corazón, tenían una gran idea, que no podíamos dejar pasar. Así que pasaron los días y no escribí ni una sola palabra, exceptuando los estados del Facebook, los trabajos y los exámenes. Sin embargo, creo que no olvidaré aquellos días nunca. Quizás no recuerde dónde fue aquella cena, en qué calle estaba la cervecería que tantos secretos tiene que guardarnos, o si fue en Viena o Budapest donde acabé en una fuente. Olvidaré si se llamaba así o de otra manera aquel chico que estuvo en la barbacoa, quizás esté olvidando ya su nombre en esta lista, sin embargo, estoy segura de que una parte de mi hoy, es un poco de culpa de su compañía aquel día.

         Aquella tarde aburrida en Cuenca hizo que echara la beca, la suerte quiso que me la dieran, el miedo me dio una tregua para que lo intentase y la vida me dejó disfrutarla. Un año después, con una perspectiva demasiado lejana, porque el tiempo pasa tan rápido que parece que fue ayer y a la vez que hace un siglo, puedo decir que tengo dar las gracias al destino por el regalo que me hizo, porque nunca pensé que tan lejos de mi hogar encontraría un pedazo de mí misma, escondido en el corazón de decenas de personas procedentes de tan diferentes lugares.

¡Os echo de menos compañeros y amigos! ERASMUS 2013 MÚNICH

(Si alguien está interesado en conocer mi experiencia académica durante mi estancia en Alemania puede leerlo aquí: https://vivirentrecosturas.wordpress.com/2013/12/17/erasmus-2013-munich/)

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2 pensamientos en “Un año después… de la erasmus

  1. Me ha encantado este post. Me has hecho recordar todas mis andaduras en mi semestre de Erasmus..recuerdos inolvidables, gente que, a pesar de que ya no veas, sigue en tu memoria. Idiomas y culturas entremezcladas..aii que nostalgia!!
    Gracias por el texto!!

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