Hasta siempre, Gabo

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        Cuando escribes sobre alguien a quien  conoces  es fácil recurrir a los recuerdos, pero en este caso no los tengo; no he compartido mesa con él, ni conozco su tono de voz al teléfono, no tenemos anécdotas juntos e ignoro si le gustaba la comida sosa o salada. Sin embargo, será imposible olvidar cada una de sus lecciones como escritor, como periodista y, sobre todo, como persona comprometida y justa. Gabriel García Márquez es, simplemente, un ejemplo a seguir. En esta entrada quiero compartir con vosotros parte de las ideas que han penetrado en mi cabeza y en mi corazón desde que leí por primera vez Relato de un náufrago, hasta el día de su muerte.

        Con motivo de su fallecimiento he vuelto a leer su discurso de aceptación del Premio Nobel, una joya más de su producción (os dejo abajo el enlace). En él, por ejemplo, descubrí por qué sueño con cambiar las cosas: “Los inventores de fábulas que todo lo creemos, nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria.  Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”. Yo no puedo comparar mi prosa a la suya, por supuesto, pero sí mi afán por escribir algo que el resto quiera leer, por plasmar mis sueños y por descubrir la fórmula en la que la justicia sea el ingrediente principal.

         Defendió su cultura, a su gente y  su independencia. Corría el año 1982 cuando pronunció este discurso y, sin embargo, en el mundo se sigue extendiendo la cultura de homogenización que él criticó y que tantos problemas, guerras y barbarie están sembrando a lo largo del mundo: “No es difícil entender que los talentos racionales de este lado del mundo, extasiados en la contemplación de sus propias culturas, que se hayan quedado sin un método válido para interpretarnos. Es comprensible que insistan en medirnos con la misma vara con que se miden a sí mismos, sin recordar que los estragos de la vida no son iguales para todos, y que la búsqueda de la identidad propia es tan ardua y sangrienta para nosotros como lo fue para ellos. La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios”.

          Podríamos hablar de sus obras, porque como dice Luis García Montero cuando se abre un libro de García Márquez, se tiene la impresión de tener entre las manos la literatura. Sin embargo, no hay nada nuevo que yo pueda decir de ellas, lo importante es leerlas y disfrutarlas, porque visitar Macondo o naufragar en el mar sin llegar tener que subirte a ningún barco, solo es posible a través de sus páginas y es un placer que nadie debería perderse.

         Entre sus comentarios más curiosos el siguiente: “Hay que jubilar la ortografía, terror del ser humano desde la cuna. Simplificar la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros”. Nunca pensé que leería estas palabras de un escritor. Un profesional de las palabras, un compositor de sueños realizados gracias a las letras. ¿Tiene razón? No lo sé, pero lo cierto es que muchas veces nos perdemos en la forma y olvidamos que lo importante es el fondo.

         Si algo me ha sorprendido durante el repaso a su vida y  la lectura de los artículos de los últimos días sobre él ha sido la historia en la que cuentan que cuando le dieron el Nobel de Literatura, advirtió a la Academia Sueca que no iría a recoger el premio con el frac negro tradicional, sino con una deslumbrante guayabera blanca que, según él, era el traje nacional colombiano. El frac no sólo le parecía un augurio de cuervos, sino una afrenta clasista a los pobres del mundo a los que él había prestado voz en sus libros. Un ejemplo más de su integridad y compromiso.

           Así, párrafo tras párrafo, libro tras libro, entrevista tras entrevista, Gabo enseñó al mundo a amar mejor, a disfrutar de la vida, a luchar y a no olvidar. Recordaremos cada una de sus lecciones, porque es un gran mentor que sigue vivo en cada una de las palabras que escribió.

Hoy solo puedo decirle hasta luego, porque prometo que pronto volveré a reunirme con usted en alguno de sus libros.

 A continuación tenéis algunos enlaces de interés:

Discurso de Gabriel García Márquez, en la gala de aceptación del Premio Nobel: http://cvc.cervantes.es/actcult/garcia_marquez/audios/gm_nobel.htm

En este enlace podéis encontrar varios estudios de su obra. Ediciones conmemorativas  Cien años de soledad: http://www.rae.es/obras-academicas/ediciones-conmemorativas/cien-anos-de-soledad

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