Un pueblo amordazado, ¿un sistema democrático?

mordaza1Un pueblo amordazado, esto es España. Lo es desde que millones de parados vagan por sus calles y los derechos más básicos (al trabajo, a la vivienda, a la educación, a la sanidad pública…) son vulnerados, porque una persona sin derechos está atada de pies y manos. Pero todavía les quedaba un paso por dar, taparle la boca, robarle el derecho a expresarse, a quejarse, a solidarizarse con los otros, a denunciar las injusticias… Les faltaba despojarnos de lo único que nos queda en muchas ocasiones, lo único que nos recuerda que todavía somos seres humanos: el derecho al pataleo.

Ayer todos los periódicos se hacían eco de la noticia: “ya está en vigor la Ley Mordaza” pero solo algunos recordaban la cantidad de reacciones en contra de ella que se han repetido a lo largo de toda la geografía española e incluso mundial. El programa “El Intermedio” recogía las conclusiones a las que llegaba el periódico New York Times: “La nueva Ley Mordaza española es un retroceso preocupante a los oscuros días del régimen franquista”. El respetado diario afirma que “no tiene cabida en un país democrático, en el que los españoles, como ciudadanos de la Unión Europea, tienen un derecho más que virtual [en referencia a la manifestación de hologramas del 11 de abril] a las protestas pacíficas colectivas”. Ya no es que lo digan algunos medios de comunicación “progres” españoles (apelativo que utiliza el gobierno para intentar desprestigiar a todo aquel que no piensa como él) es que los medios internacionales están en alerta por las medidas tan poco democráticas que nos están imponiendo.

¿Podemos seguir pensando que vivimos en un sistema democrático? Estamos en un país en el que a día de hoy:

                – Existe una lista negra de infractores, lo que vulnera el derecho fundamental a la no discriminación por ideología política, ya que quedan señalados y listados una serie de ciudadanos por su disidencia, en el caso de las manifestaciones.

                – En el que lo que diga la policía va a misa, lo que afecta al derecho de defensa y la presunción de inocencia.

                – Se trata de una ley con tantas ambigüedades en su redacción y concreción, que las acusaciones pueden ser de lo más variadas, hasta el punto que incluye referencias tan amplias como: “cualesquiera otros hechos”. Es decir, si un policía, al que no le puedes hacer la contra, lo considera, te podrá acusar de desorden público por la minucia más grande. Esto afecta al principio de seguridad jurídica.

                – Se pueden realizar registros y cacheos “preventivos”, lo que vulnera el derecho fundamental a la intimidad y a la libertad individual.

                – Los policías te pueden grabar y tú a ellos no. Me parece una de las medidas más graves, mas teniendo en cuenta la dureza con la que se han reprimido algunas manifestaciones en los últimos años, en las que las imágenes de “los grises” entrando al ataque en las universidades españolas parecían estar de nuevo ante nuestros ojos. Si un policía puede acusarte de lo que quiera, porque su palabra vale más que la tuya y aún encima a ti no se te permite grabar lo sucedido para presentarlo como prueba esto será una ciudad sin ley en la que el sheriff puede campar a sus anchas, enviando a sus secuaces a realizar las tareas que a él se le antojen con completa impunidad, porque cuando haya pruebas, podrán ser utilizadas en tu contra por violar esta ley. Esto incumple el derecho a la información, uno de los pilares fundamentales de la democracia.

– Podríamos seguir enumerando artículos de la ley que prohíben cosas como: criticar a la corona, parar un desahucio, la RESISTENCIA PACÍFICA Y LAS SENTADAS…

En conclusión, respirar no será delito porque de momento les interesa que lo hagamos para que consumamos y produzcamos, si no, también lo sería. Volviendo a la pregunta anterior: ¿Podemos decir que estamos ante un sistema democrático? No sé ustedes, pero yo cuando pienso en una democracia espero poder hacer algo más que echar un papel en una urna. Espero poder reclamar que se cumpla el programa que he votado, espero poder quejarme si me roban, espero que me consulten para las grandes decisiones, espero poder informar de los hechos noticiosos (como periodista) y ser informada de aquello que sea relevante en mi vida (como ciudadana). Espero ser sometida a juicios justos, es decir, en igualdad y que la palabra de otros no valga más que la mía, espero que no se vulnere mi intimidad, etc, etc, etc. Así que tengo que llegar a la conclusión de que me encuentro viviendo en un país con una dictadura encubierta, en la que solo les quedaba por robarme mi derecho a quejarme y ya lo han hecho.

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