Este triste cuento

        Cuando tocaba cambiar el mundo se quedaron quietos, inmóviles. Asustados por el mensaje de “El gran dictador”, ese que tenían metido en una caja negra dentro de sus hogares y decidía por ellos. Llevaban tanto tiempo sin tener que pensar, que sus cerebros estaban atrofiados. Era así, como en una película de terror o en el día de la marmota. Se repetía la pesadilla una y otra vez, sin posibilidad de cambiar el final para sus verdaderos protagonistas.  

         Los actores de este cuento tenían papeles variados.  Algunos eran pequeños obreros que se creían “al otro lado”. Trabajadores que contaban con la ayuda de una, dos o tres personas más, que creían que eran  “empresarios de alta alcurnia” y debían de defender su “gran patrimonio”, porque si venían “los otros” les iban a quitar lo que tenían. Otros eran funcionarios, jornaleros del Estado, que se posicionaban al margen de los problemas de aquellos que dependen de las fluctuaciones de los intereses desmedidos e inhumanos de un mafioso. Otros eran millonarios que tenían sus cuentas en paraísos fiscales y no querían tener que cotizar y colaborar con su país, amigos de políticos corruptos enriquecidos por las comisiones que estos les regalaban por mirar a otro lado.Parados. Había también pequeños obreros que apenas llegan a fin de mes, que viven en una casa del banco y a los que fríen a intereses, pero que piensan que han ascendido a “clase media” porque van a morir en un terreno propio y porque llevan años diciéndolesdesahucios-los-tres-cerditos-y-el-lobo que es lo que son y se lo han creído. Hombres y mujeres que no conocen otra cosa, por su edad, por su falta de mundo, por su inexistente interés, por lo “fácil” que les resulta no cambiar nada. Todos se aliaron y alienaron, con la ayuda del “gran dictador”, para evitar el cambio, a pesar de que no tenían mucho que ver unos con los otros.

        Convencidos de que venía el lobo a llevarse a sus ovejas, esas que hace tiempo que no les dan ni leche, ni lana, pero a las que se aferran como si tuvieran algo que perder. Mientras, a los que apoyan, les suben los intereses, les bajan las ayudas, los sueldos, les facilitan sus propios despedidos y les obligan a sacrificar, incluso, a su rebaño, pidiéndoles que hagan un esfuerzo más. “¿Y de qué viviré ahora?”, se preguntaban algunos. “Si me robas, si me coartas, si me explotas, si me humillas, ¿qué me quedará después?” A lo que ellos contestaban: “¿Qué prefieres, que sean otros los que lo hagan? No sabes lo que te van a traer, yo ya te engañé y sabes cómo voy a seguir engañándote, más vale lo malo conocido, que lo bueno por conocer”. Así que decidieron hacer eso, quedarse quietos, siendo testigos del espolio al que estaba siendo sometido aquel lejano país. Presos del miedo que causa lo desconocido, como aquellos hombres de laMito de la caverna - Viñeta Tele cueva caverna de Platón, que sienten miedo y matan al compañero que intenta liberarlos de sus cadenas, a pesar de que al otro lado tienen todo un mundo por descubrir.

       Pero no son esos hombres y mujeres culpables de nada. No era caperucita la que buscaba que la devorara el lobo. Ni la cigarra una vaga. No sabían los tres cerditos lo que les depararía el futuro, era pura inocencia lo que les conducía. No eran esas princesas presas de sus castillos, sino de sus creencias y de una sociedad opresora. No es este cuento sino una historia de ladrones que tienen el poder de los medios y la manipulación a su alcance, haciéndoles creer a los actores que son independientes, utilizando los hilos invisibles de los titiriteros en sus marionetas. No SONY DSChay nada en nuestras mentes que no controlen y de lo único que pueden acusar a aquellos que no hacen nada, es de ignorar que otro mundo es posible y de no ayudarnos a construirlo. Pero no desistiremos, seguiremos luchando contra los lobos, que se comen nuestros rebaños. Contra la mentira de los medios de comunicación;  contra los ladrones de nuestro futuro;  contra el carcelero que nos convierte en princesas indefensas y nos quiere al margen de la sociedad. Continuaremos luchando contra este cuento que nos han contado, porque por mucho que pase la historia de boca en boca, siglo tras siglo, por mucho que hayan repetido que siempre habrá opresores y oprimidos, nosotros seguimos creyendo en un final feliz para aquellos que solo tenemos nuestra fuerza del trabajo para sobrevivir.

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