¿Sobreprotección o ignorancia?

Parece una afirmación obvia, sin embargo, es necesario recordádsela a algunos padres: NUESTROS JÓVENES NO SON TONTOS.

anna-mascaro-1-fraseVivir la universidad desde el otro lado, te da una perspectiva diferente y muy amplia del sistema educativo que tenemos, y también, de la sociedad que estamos creando. Todos los de mi generación hemos escuchado historias de nuestros padres y abuelos. Anécdotas  en las que se nos representa un tiempo en el que el término “explotación infantil” estaba muy lejos de ser utilizado. Niños, de apenas 12 años, sabían lo que era el trabajo en la casa, en el campo, se hacían cargo de sus hermanos, abuelos y colaboraban en todo lo que fuese necesario dentro del núcleo familiar. Aquello, en mi opinión, era excesivo. Un niño, debe de ser niño y estar exento de algunas de las responsabilidades que entonces se les imponían, bien por disciplina, bien por necesidad. Pero ¿en qué punto estamos ahora?

Hoy, mientras esperaba para hacer unos trámites administrativos en la universidad, he observado un espectáculo que no sé cómo denominar. Era un día alegre dentro de la facultad. Decenas de nuevos estudiantes se disponían a comenzar una etapa que será decisoria en su historia vital: La universidad. Gran parte de la personalidad de un joven se forma bien sea en sus primeros trabajos, bien en sus estudios superiores, si es que les dejan… Y es que, hoy no eran ellos los encargados de tomar sus primeras decisiones como  mayores de edad, dotados de raciocinio, con independencia personal… ¡¡ERAN LOS PADRES Y MADRES!! Unos que instan a sus hijos a irse a ver la universidad, mientras ellos rellenan el formulario. Padres pidiendo horarios y optativas para escoger en nombre de sus hijos. ¡¡El colmo ha sido ver a una madre dictándole la dirección postal a su hijo!!! ¿Pero qué broma es esta? HOMBRES Y MUJERES QUE ANULAN A SUS PROPIOS HIJOS, eximiéndoles, a la vez, de hacerse responsables de la elección de las asignaturas, de los horarios, o de los posibles errores en la solicitud. ¿Es sobre protección o ignorancia lo que prima en la educación de nuestros jóvenes?

Queridos y respetables padres, sus hijos no son tontos. Si tiene 18 años o más sabe la dirección de su casa, puede leerse las instrucciones para rellenar el formulario y, probablemente, también es capaz de dilucidar si le gusta más una asignatura u otra. Es IMPRESCINDIBLE EL APOYO PARENTAL, si no fuera por vosotros, los padres, probablemente no llegaríamos a la vuelta de la esquina. Pero acompañar a los hijos, aconsejarles o regañarles, si es necesario, no es lo mismo que no escucharles, imponerles y relevarlos en sus derechos y deberes.

Y es que esto, que parece a primera vista una cuestión baladí, es parte de la educación que les damos y que repercute en todos los ámbitos de su vida. Cuando no tienes autoridad para decidir, ni eres responsable de tus elecciones, eres más vulnerable, manipulable y, en general, dependiente. Y entonces llegan problemas de mayor envergadura.

En la misma mesa en la que observaba a los abnegados y entregados padres ejerciendo su derecho paterno-filial, he tenido ocasión de hablar con unas chicas que están deseando volver a sus casas porque les están haciendo la vida imposible con las novatadas. Ante tales afirmaciones y llena de preocupación, les he dicho: “¿Por qué os prestáis a ello? Negaos”. Pero aquí viene el problema. Si 2 de 90 personas se niegan a someterse a vejaciones como (relatadas por ellas mismas): Ser obligadas a beber alcohol sin querer, meter los pies en el wc, rodar por el suelo encima de sus compañeros, pagar para que les hagan las novatadas, etc.,  serán ellas las discriminadas y señaladas, puesto que no estamos acostumbrados a ir en contra de lo que dice o hace la mayoría.

Estamos formando jóvenes sin capacidad para decidir qué quieren hacer y qué no quieren. Todos, los medios de comunicación, los profesores, los padres… Somos cómplices de formar a una masa de chicos y chicas incapaces de parar los pies a otros ante ciertos abusos, ya sean en el ámbito académico, laboral o familiar. Llevamos tanto tiempo diciéndoles qué hacer, qué comprar, qué estudiar, qué actividades extraescolares deben cursar, dónde trabajar… Son tan inexpertos en lo que a decidir se refiere, que se han quedado sin la fuerza suficiente para alzar la voz cuando de verdad lo necesitan. Debemos reflexionar sobre esta cuestión y empezar a tratarlos como lo que son, el futuro de una nación.

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5 pensamientos en “¿Sobreprotección o ignorancia?

  1. Pues sí. No lo he vivido en primera persona, pero parece ser que la escena que nos relatas es común hoy en día. Yo, en la etapa de la vida en la que me encuentro, intento formar a mis hijas como personas independientes, pero sin dejar de supervisarlas, porque aún son pequeñas. Hoy me ha dicho una: “Mamá, recuérdame que traiga mañana este libro”, y le he contestado: “Tienes una agenda, utilízala.” Otro día, los padres de los otros niños decían que al día siguiente tenían que ir con ropa deportiva. Le pregunté si era así y me dijo que no habían dicho nada en clase, aún sabiendo que seguramente no se había enterado. Resultado: hizo Educación Física con faldas. Pienso que es bueno que se hagan responsables de sus cosas, “desde chiquitico se cría el arbolico”. Ojalá lleguen a los 18 años con suficientes luces como para matricularse en la universidad ellas solas, porque me niego a verme en la tesitura de rellenar yo los formularios…

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    • Estoy segura de que tú les dejas independencia, les enseñas a tomar sus propias decisiones y que, al llegar los 18, sabrán rellenar su dirección postal en un formulario. ¡¡Porque eres una de esas madres de las que se pueden escuchar buenas reflexiones!! Sara y Eva serán, al menos, tan capaces como su madre.

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  2. Creo que es fundamental enseñar a los niños a tomar decisiones desde bien pequeños. Muchas veces no damos a los niños la posibilidad de elegir lo que les gusta y acabamos decidiendo por ellos,cuando en realidad, desde pequeños los niños tienen sus propios gustos y preferencias: ropa,juguetes,extraescolares… Por no hablar del ritmo de vida que llevamos, siempre con prisas,en el que no damos espacio de tiempo para que los niños participen en las rutinas y aprendan a hacer las actividades por si mismos. Creo que tampoco es culpa nuestra,en parte es de la sociedad exigente en la que vivimos y las grandes dificultades para conciliar que tenemos las familias

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